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El monstruo de colores se equivoca. O la insoportable idea de gestionar las emociones con libros para niños



El siglo XX fue el siglo de los libros para niños con valores. No me voy a extender en ello, pero escritores, ilustradores y editores se prestaron al juego del mercado que solicitaba historias para instruir deleitando.
Esta “madrastra pedagógica” como una vez la llamó la editora Felicidad Orquín se ha apropiado siempre de los libros para niños con la idea de contar un cuento con mensaje, o con alguna enseñanza para aprovechar una actividad en beneficio de otra.  Y así, todavía hoy, tenemos a esta figura que se apropia de la literatura para convertirla en otra cosa. Un ejemplo clásico serían las adaptaciones de los cuentos de hadas, impulsados por ideas como: la violencia no debe estar en los libros para niños. La escritora brasileña Marina Colasanti, gran continuadora del género de relatos clásicos resume así la operación:

Listamanía: Primera infancia y libros informativos

El grillo silencioso. Eric Carle
Hace un par de meses me pidieron un texto para un curso de la OEI sobre primera infancia y libros informativos. Aunque hay enormes diferencias tanto físicas como psicológicas entre un bebé y un niño de cinco años, este bloque de, digamos, prelectores, tiene una variada cantidad de libros informativos. Lo primero que me sorprendió cuando empecé a escribir fue que, de todos los textos teóricos prácticamente ninguno hacia referencia a estos libros que cuentan el mundo y que son muy abundantes. Hay libros de matemáticas (contar, los números), de arte, de viajes, abecedarios, sobre el cuerpo humano, filosofía, animales, naturaleza... la lista abarca incluso a los libros de autoayuda (dejar el pañal o el chupete, etc.). Finalmente me decanté por cuatro temas, de los que presento una pequeña selección de lo que fue el texto final:

  • El yo y lo que me rodea
  • Conceptos y filosofía
  • Animales
  • El más allá
  • Libros de artista

Sobre los buenos lectores y los malos lectores (a propósito de "La experiencia de leer" de C.S. Lewis)

Jean Julien
Acabo de terminar de leer un libro de esos que me han acompañado a lo largo de los años. Un libro que, en las mudanzas, acababa en la caja de "mudar" y que hasta ahora no había tenido el tiempo de leer. Y me alegro de haberlo guardado y, sobre todo, de haber dispuesto de una buena tarde de lectura para darme cuenta de cuán valioso es. La experiencia de leer es un ensayo del escritor C.S. Lewis, autor sobre todo, y para muchos de nosotros, de los siete libros de las Crónicas de Narnia entre los que se encuentra el inolvidable: El león, la bruja y el armario. 
En este libro, que se lee de una sentada y afilando varias veces el lápiz, el autor comparte una curiosa e interesante teoría: llevamos muchos años hablando de libros buenos y libros malos. Pero ¿qué pasa si en lugar de eso empezamos a hablar de lectores buenos y lectores malos?  Un ejercicio muy interesante que tiene numerosas conexiones con el trabajo que hacemos con los libros para niños. Ya he contado aquí varias veces que sabemos poco sobre la recepción de los libros y sobre cómo los niños viven sus experiencias de lectura, en contraste muchas veces, a las nuestras como mediadores. Lo que Lewis explora en su texto nos da mucha ideas, no sólo sobre los lectores sino sobre nosotros mismos.

Listamanía: El año de Gloria Fuertes

El año 2017 estuvo marcado por un gran acontecimiento cultural: se celebraron los 100 años del nacimiento de la poeta madrileña Gloria Fuertes. Fue tanto el ruido en las redes que muchos amigos de América Latina me escribían preguntado quién era. El ayuntamiento de Madrid se volcó en la celebración con una exposición, carteles con sus poemas por toda la ciudad, una plaza dedicada con su nombre, y hasta una felicitación navideña con su foto. Hubo revistas digitales que cada semana brindaban un poema de ella y ha sido tanta su presencia que escritores como Javier Marías lanzaron en su columna semanal la duda de que fuera "una grandísima poeta" confundiendo a mi modo de ver, la alegre celebración de un carismático personaje con su valoración literaria. Y es que ha sido mucho lo que se ha celebrado: el valor de una mujer que desarrolló su carrera en la triste postguerra española, haber sido la primera chica moderna que, en esa época, se atrevió a vestir pantalones y montar en bicicleta o poner de moda la corbata entre mujeres. Por no hablar de su lesbianismo en una España pobre y moralizante.

Los que conocimos -aunque fuera un poquito- a esta mujer que, durante las cabalgatas navideñas de los reyes magos se subía a un árbol para retransmitirlas, no podemos menos que sonreír y celebrar esta recuperación. Yo, como todos los que la conocieron, tengo mi propia anécdota. 

Literatura infantil y género: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar?

En Europa y en España nos ha encantado desde siempre mirar con recelo a los norteamericanos pacatos en cuestiones de literatura infantil. Además de los comentarios en off  de muchos ilustradores a los que han obligado a vestir sus personajes o a ponerlos en actitudes inequívocamente correctas, se cuentan por decenas los artículos que hablan de ridículas censuras y en congresos y otros lugares se cita constantemente cómo Huckleberry Finn es prohibido en escuelas por argumentos que no tienen nada que ver con la literatura; se describe cómo Sendak fue censurado por publicar a un niño desnudo; se denuncia a Harry Potter por inducir a la brujería y a Roald Dahl por incitar al consumo de drogas. Que un libro de poemas de Shel Silverstein que contiene un poema titulado Cómo no lavar los platos lleve a algunos a pensar que los niños van a romper los platos de su casa significa trasgredir una fina línea: la de la lectura de la literatura como si fuera un manual de uso de vida. Prohibir estos libros sería como prohibir a Supermán porque los niños van a lanzarse por la ventana con una toalla colgada como capa. Todas estas censuras y presiones sobre los libros tienen un nombre: lo políticamente correcto. Aunque la política nos pueda parecer alejada de la literatura infantil, sus prácticas ya han venido para quedarse. Políticamente correcto quiere decir que se cuida el lenguaje al máximo para no ofender a grupos religiosos, sociales o culturales. Es decir, a casi todo el mundo. 

Cómo nos han deseado el 2018 algunos ilustradores

¡Llega un año nuevo! Aunque solamente es pasar de día y la hoja del calendario, hay algo mágico y ritual en ello. Pasamos página a muchas cosas: las que no hicimos, las que no queremos recordar, las que nos faltó hacer. El nuevo año se presenta nuevo y luminoso, listo para que lo usemos. Cada año nos ponemos a escribir listas de lo que haremos, de metas y retos, de cosas nuevas. (¡Para este blog también hay una lista larga!). Por eso celebramos, porque es una nueva oportunidad. Y por eso nos felicitamos y deseamos un año estupendo. He ido coleccionando algunas de estas felicitaciones de ilustradores que estaban en las redes, cada uno celebrando su creatividad y compartiendo sus buenos deseos. Y, con ánimo de compartirlas y desear a todos los lectores de este blog un año estupendo, ahí van.















































¿Deberíamos leer todos los libros para niños que se publican como novedad? Dos ideas contra la "noveditis"

250.000 libros en la expo La huella de Borges
Empieza el año y, con él, la promesa de nuevos libros. Según los datos publicados en el estudio Los libros infantiles y juveniles en España, realizado por el Observatorio de la Lectura y del Libro (y que puede descargarse aquí), solamente en España, durante el año 2015 se concedieron 12.705 isbn para libros infantiles y juveniles. Naturalmente es una cifra que engloba cosas que ni los señores del ministerio saben clasificar, y desde luego esto no significa que todos los isbn concedidos sean para libros que finalmente se han publicado. Pero en caso de que sí se hubiera gastado todo el papel que necesitan esos más de diez mil libros, lo que nos interesa ahora es que esa cantidad significa, exactamente, 34 novedades por día. ¡34 libros por día! Naturalmente los que leemos libros para niños no recibimos esos libros (ni mucho menos, por suerte), pero 840 libros por mes son una cantidad enorme. Hace algunos años escribí un artículo sobre cómo la "noveditis" podía afectar a nuestro trabajo, artículo que hoy palidecería frente a la avalancha de libros que es imposible leer, organizar, reseñar... Pero mi pregunta es: ¿por qué debemos prestar atención a tanta novedad?

Si este es el panorama en España, basta multiplicar un poquito por varios países de lengua española y tenemos una cantidad inimaginada de libros. Muchas novedades se comparten ahora por las redes: desde muchos lugares podemos saber el libro que publicó nuestro autor favorito mexicano, o aquella poeta chilena que tanto nos gusta. Lo veo cada día en las redes: estas novedades desatan pasiones y también frustraciones (¿dónde lo consigo? ¿Cuándo llegará a mi país?), pero sobre todo, nos tienen bastante ocupados.  Hace años, el intelectual Gabriel Zaid publicó el un libro con el título: Los demasiados libros donde ya aventuraba muchas cuestiones sobre si había demasiados escritores y escasos lectores. No parece ser el caso de los libros para niños, con gobiernos comprando novedades y un extenso mercado en español para las editoriales que saben moverse más allá de su geografía. Sin embargo, la imparable máquina de hacer libros (léase: la industria) está en marcha día y noche. Libros, libros y más libros que son "novedad", aunque muchos de ellos cuenten una y otra vez la misma historia. Encontrar algo novedoso resulta casi imposible. Confieso que si veo como novedad un libro más sobre monstruos, un poema "convertido" en album, niños que no quieren dormir (¡hay monstruos bajo la cama!), versiones de cuentos clásicos, ¡una nueva caperucita! o abuelos y abuelas (¡y con alzheimer!) me pongo a llorar.

Lo que ocurre con esta cantidad de libros es que, cada vez más, los otros libros, los que se quedan viejos porque no son novedad se van perdiendo en los catálogos y nadie habla de ellos salvo si son reeditados, o "rescatados", o puestos en nueva edición. Esta dificultad de hacer circular libros maravillosos me recuerda a una escultura -muy poco original, tengo que confesar- donde se construía un muro en cuya base había un libro.  Llamada por algunos (pero no por el autor) como el impacto de un libro, para mí la imagen fue clarísima y me recordó a esos libros que se quedan atrapados bajo la montaña de novedades, sin poder salir de ahí...


Jorge Méndez Blake
Aunque nos cueste reconocerlo, los libros para niños pertenecen a una industria en la que están involucrados muchos actores y, ya todos sabemos la importancia de los mediadores en este entorno. Sin embargo, esa aplastante realidad significa que:


  • Los libreros aguantan poco tiempo con las novedades, salvo los libros que se van vendiendo
  • Los críticos y especialistas están más pendientes de las novedades que de los "fondos de armario" como dirían en moda.
  • Los distribuidores demandan novedades con regularidad: es la máquina para hacer dinero efectivo
Este sistema representa para los editores (y creadores) un continuo pedalear que, a poco que se descuiden, les llevará a pensar más en la parte comercial que en la cultural. Es decir:

  • Se minimizan los riesgos evitando trabajos innovadores o difíciles de vender
  • Cuanto más familiar el tema, mejor se venderá (sólo hay que ver la cantidad de editoriales que de repente tienen libros sobre las emociones en sus cuidados catálogos)
  • Los autores e ilustradores tienen que publicar varios libros al año para atender esta demanda
  • Los temas se repiten descaradamente
  • Apenas se promocionan los libros
  • Casi nunca se sabe lo que se va a publicar en los próximos meses (haga la prueba: entre a su editorial favorita y trate de buscar lo que va a salir en febrero o marzo)
  • Los grandes medios han dejado de leer (y reseñar) novedades

Alicia Martin, Biographies

Sin embargo, los mediadores podemos hacer algo para ayudar a detener este ritmo (o aminorarlo), y propongo dos sencillas ideas:

1 Repasar los catálogos de las editoriales (¡que las editoriales tengan sus catálogos en papel por favor!). Preparar bibliografías acudiendo a catálogos físicos o virtuales (yo suelo usar y recomendar para búsquedas Lupa de cuento y canallector ), que hemos señalado, marcado, repasado y re-mirado. Eso nos ayudará a tener una mirada más fresca y hasta original sobre la producción, poner en diálogo muchos libros y recordar autores que nos gustaron.
2 Recomendar libros de hace mil años. Si son maravillosos ¿por qué no seguir hablando de ellos? Conozco mediadores que tienen un canon personal de no más de treinta libros que no son novedades: recordando y recomendando estos libros se les vuelve a dar vida, a encontrar nuevos lectores, a crear relaciones especiales entre los niños y los libros. (Además: a un editor le da igual vender un libro que acaba de publicar que uno que tiene siete años en el catálogo. Si los libros del catálogo se venden, se mueven por librerías y se siguen comprando, le estaremos garantizando al editor un ingreso que le permitirá editar menos o incluso apostar por libros de otra índole). 





Sobre este tema de la producción editorial apareció una nota hace poco:
La literatura infantil en España ¿va bien? 






Lo que Astrid Lindgren leyó de niña y sus consejos a escritores de libros para niños

En mi último viaje a México entré, como siempre, en una de las tantas librerías de viejo que abundan por la ciudad. Con un lomo casi escondido entre libros más grandes, apareció, con su bonita cubierta, Mi mundo perdido, el pequeño volumen de memorias de la escritora sueca Astrid Lindgren. Un libro publicado en Estocolmo en 1975 y traducido por Herminia Dauer para Juventud en 1985. Un libro prácticamente inencontrable en España que compré enseguida para disfrutar de este género de memorias que tanto me gusta. 
El libro, en realidad, es un gran homenaje al amor de sus padres y, contado como si fuera una leyenda, Lindgren detalla la historia de Samuel y Hanna, de cómo se conocieron y encontraron, cómo se escribieron cartas con las que alimentaron su amor hasta que, finalmente, se casaron y fundaron una familia. La granja Näs donde vivieron, las escenas cotidianas de una infancia sin duda feliz.

  Tuvimos dos cosas que hicieron de nuestra niñez lo que afortunadamente fue: sensación de seguridad, y libertad. Nos sentíamos seguros junto a unos padres que tanto se querían y que siempre tenían tiempo para nosotros, cuando los necesitábamos, pero por lo demás nos dejaban jugar y retozar libremente por el maravilloso lugar que Näs representaba para unos chiquillos.

Lectocrimen: o cómo la mediación puede matar el gusto por la lectura



Escribí estas líneas para presentarlas en una mesa redonda sobre animación a la lectura. El encuentro fue organizado por la Fundación Santillana (IV Festival Iberoamericano de Literatura Infantil y Juvenil) y celebrado en la ciudad de Buenos Aires en septiembre de 2017. 

Muchas gracias por la invitación a participar en este panel. Cuando me lo propusieron pensé en escribir algunas líneas sobre la bondadosa tarea que hacemos muchos de los mediadores –y eso seguramente les incluye a ustedes-, y también a mí desde mi blog “anatarambana” con el que intento hacer una mediación entre adultos, pues yo no trabajo directamente con niños.
Pero luego pensé que estaría bien echar un poco de pimienta en esta mesa porque el tema de la misma coincide con algo que me inquieta desde hace mucho tiempo, y con una manera de mediar en la lectura que, lejos de crear lectores, muchas veces los aleja de los libros y la lectura.
Es un tema sobre el que empecé a hablar hace tiempo con una amiga, y cariñosamente lo llamábamos: “Lectocrimen” pues, básicamente hablábamos de algunas prácticas de mediación a la lectura que no funcionan y se siguen utilizando. O cómo una cierta dinámica general de los que median en la lectura, afecta a los lectores. Cuando hablo de mediadores me refiero, sobre todo,  a personas como promotores de lectura, editores, creadores, docentes, bibliotecarios y padres. Es decir, todos los adultos.  
Hablo desde la perspectiva de un país como España, con muchos años de trabajo institucional y escolar de fomento a la lectura y donde, según las estadísticas, más de un tercio de la población adulta no lee ningún libro. Así que, hay mucho para reflexionar en un país con bibliotecas llenas de libros y de libre acceso, con una producción amplia de libros infantiles, con librerías y ferias para acceder a los libros. Sin duda leemos más que hace veinte años, pero sigue siendo una constante preocupación no conseguir tener un espectro más amplio de lectores.

En fin, mi intención es, simplemente, reflexionar sobre algunas cuestiones que me parece que influyen en el abandono temprano de la lectura, y en otras que hacen que los libros dejen de acompañar a los lectores a pesar de nuestros esfuerzos. Algunas de estas cuestiones las he debatido ampliamente en mi blog y otras espero hacerlo más adelante.

He elegido SEIS. Hay más, pero quiero comenzar con estas.
1 La infantilización de la lectura. Hace mucho tiempo (y me parece que todavía hoy), se hacía con adaptaciones de obras clásicas. Y voy a citar a una pareja de grandes lectores, Bioy Casares y Jorge Luis Borges tomado de los diarios del primero:
 Miércoles, 12 de Octubre. Hojeamos los absurdos libros de lectura (para niños que aprenden a leer) del peronismo. Digo que yo aprendí a leer con el Veo y leo. Borges cree haber empezado con El nene. BIOY: "De chico, yo era muy snob y no leía los libros de la Biblioteca Araluce porque eran obras famosas, adaptadas para chicos (leía libros para chicos, como Pinocho; pero no admitía obras para grandes adaptadas para chicos)". BORGES: "A mí me pasaba algo parecido. Una vez leía con mucho orgullo una Historia de Grecia  hasta que vi que en la portada decía Adaptada para los niños
La infantilización hoy, de la lectura, viene de la mano de los álbumes. Un género que ha colapsado la producción. Un género del que solamente se habla cuando decimos Literatura Infantil. Un género en el que vemos cada día obras insulsas, historias escasas cuando no mal escritas y que se apoyan exageradamente en ilustraciones preciosistas. A veces tengo la impresión de que solamente hay libros álbumes en las manos de los niños. Lo que ha significado para la producción editorial este fenómeno es un retroceso de libros de narrativa de aliento. Los niños que tienen más de ocho años se enfrentan al drama de no encontrar libros que les acompañen en la tarea a la que se han aplicado durante años y para la que no encuentran estímulos.
(En este blog hablé de esta cuestión en: Cansados del libro álbum)
2 La escolarización de la lectura. Recientemente trabajé con el equipo editorial de un grupo que tiene libros de texto y nada más comenzar, alguien dijo: “los planes de lectura han muerto”. Me alegró muchísimo escucharlo y tuvimos una discusión muy interesante sobre ello. En España llamamos planes de lectura a un grupo de libros que las editoriales ofrecen como lecturas opcionales en las escuelas. Para acompañar esos libros se adjuntan cuadernos con actividades donde los niños, después de leer el libro seleccionado por los adultos, deben cumplimentarlos. La experiencia de la lectura queda simplificada al máximo, a una serie de preguntas para ver “si han entendido todo”. Esto quiere decir preguntas del tipo: Escribe los nombres de los personajes principales, o hacer listas de elementos que aparecen en el libro, entre otras cosas. Ayer, comiendo con uno de los escritores de este Festival, comentaba que su hija –de ocho años- rechazaba sistemáticamente los libros de una colección que asociaba a la escuela. En esta negación quedaban fuera de su vista libros maravillosos como Matilda de Roald Dahl.
3 En esta línea de lectocrimen, nos encontramos con el famoso: “Hacer algo” después de leer que reduce la lectura a una actividad manual, bien sea construir algo, por supuesto que tenga que ver con el texto leído, hacer un dibujo, o incluso ejercer de escritores queriendo cambiar el final de la historia o inventándose cualquier cosa que nos inspire el texto. Lo importante es que los niños se lleven algo físico a su casa o para colgar en el aula.
4 El abandono de la mediación. Me refiero con esto a ese momento en que dejamos de acompañarles. Les hemos leído durante la primera infancia, nos ha alegrado cada uno de sus pasos con la lectura y, cuando ya saben leer, sencillamente dejamos de leerles en voz alta, delegamos la selección de lecturas a lo que propongan en la escuela, y dejamos de conversar con ellos sobre lo que leen.

5 La llamada Superlij que es un término que, con permiso de los super hérores, me inventé, para hablar de un tipo de libros al que cada vez más se acude con tremenda ansiedad. Libros para dejar el pañal, libros para explicar el alzheimer, libros PARA. Cada vez más parece que los mediadores necesitamos un libro para dialogar sobre un tema. De esta manera, los niños irán recorriendo su camino lector con libros que serán la segunda voz de los adultos: educativa, normativa y hasta moralizante.
(Aquí hablé sobre ello en este blog: Superlij)
6 Y, por último, la feminización de la lectura. (Y ahora levanto la vista para confirmar, una vez más, la estadística). Somos legiones de mujeres mediando en la lectura. Mujeres que, principalmente, recomendamos novelas.  Este es un punto que requeriría más tiempo de exposición, pero la falta de modelos lectores masculinos hace que un gran grupo de varones no considere la lectura importante. A esto se añade que la prescripción casi exclusiva de novelas por parte de las mujeres, impide a los lectores de informativos sentirse parte de la comunidad de lectores. Como ya digo, este es un punto interesante para desarrollar en otro momento.

Quisiera terminar con una cita que me encanta. Porque muchas veces hablamos de los lectores como si fueran una masa uniforme sobre la que podemos incidir en su totalidad. Y nada más lejos de la realidad. Quizás un punto más del lectocrimen sería considerar a todos los niños iguales ante la lectura, sin tener en cuenta sus inquietudes, necesidades, gustos y caprichos. Sin pensar que cada lector construye su propio camino con los libros que él mismo elige y de la manera más inesperada. Por eso quiero terminar con esta cita del escritor norteamericano Dan Fante, hijo del escritor John Fante, que recuerda cómo se inició en la lectura y que he incluido en este blog en una serie sobre cómo se llega a la lectura de diferentes maneras:

En una ocasión papá se ofreció a pagarme por leer: cinco dólares por libro. Me dijo que eligiera un libro de la estantería del salón, que iba del piso al techo. Encontré La llamada de la selva, de Jack London. Me gustaban los colores de la portada. Papá bajó el libro y me lo dio.

-Este tío fue un gran escritor. Has elegido bien.

Sesenta días más tarde había devorado cinco de las novelas de London. Estaba enganchado para siempre.
Dan Fante:

Gracias por su atención.


Ocho ideas equivocadas sobre lo que es ilustrar para niños

David Pintor
Desde hace algunos años tengo la suerte de trabajar con ilustradores dentro del máster iconi . Es siempre un placer y una maravilla ver cómo, durante un año, se levanta el proyecto final y para mí es un honor acompañar a estos creadores que inventan, pelean y se enfrentan a su propia creatividad. Una de las cosas que me interesa, cuando comenzamos, es intentar averiguar cuál es el universo del que vienen, cuáles son sus fuentes de inspiración, qué tienen en la cabeza (tanto estética como literariamente) y desde hace años pregunto, no solo a los alumnos, sino a cuanto ilustrador encuentro para conocer un poco más de dónde viene su trabajo.
También me guía en este impulso ver libros que no sé de dónde salen, con dificultad para secuenciar, con muchos tópicos, con patrones que se repiten una y otra vez, con quién sabe qué inspiración. Y, si hace algún tiempo ya hablamos de Ocho ideas equivocadas sobre lo que es escribir para niños, me animo con esta carta abierta a los ilustradores. Y aquí van:

El libro como objeto (y cinco libros increíbles)

Blancanieves de Warja Lavater


Ahora nos parece que los libros-objeto son esos libros de gran tamaño que se están poniendo de moda. Nada más lejos de la idea de un libro para manipular, para jugar y descubrir los límites de un formato tan claro como el libro. Libros que exploran las posibilidades artísticas del papel, el tamaño, el orden y hasta el contenido. Libros que invitan a los lectores a tocarlos, manipularlos, probar su resistencia y su significado. Los primeros libros así que nos vienen a la cabeza son los Prelibri de Bruno Munari, los de Warja Lavater, los de Katsumi Komagata. Artistas que formulan ideas y pensamientos mediante la imagen y el soporte físico. Historias que son creadas por los lectores según lo que el ojo les señala. Libros, en definitiva, llenos de posibilidades.

Entrevista a Ileana Lotersztain, editora de Ediciones Iamiqué: "Es difícil encontrar buenos autores de libros informativos"


Hoy traemos a este blog una entrevista con una editora muy querida y una editorial aún más apreciada: Ediciones Iamiqué quienes, desde Argentina llevan años haciendo libros informativos divertidos para niños. La entrevista, además, fue realizada in situ por María de los Ángeles Quintero y María Fernanda Maquieira quienes realizaron el curso que imparto en Gretel (UAB) Editar para niños: cómo se construye un catálogo y aplicaron en esta entrevista toda su experiencia y curiosidad. Una entrevista con editores era parte de los trabajos a realizar y, frente a muchas entrevistas por mail, me encantó esta que refleja también el lugar de trabajo. Muchas gracias a ellas y también a editoras como Ileana y Carla quienes, cada día, trabajan para que pasen por nuestras manos libros que no nos dejan indiferentes.

Entrevista a Raquel Franco (Pequeño Editor): "Hay un trabajo activista que tenemos que hacer los editores para darle valor a la cultura escrita"


Cada año, cuando termina el curso Editar para niños: cómo se construye un catálogo, no puedo dejar de admirar los trabajos de los alumnos cuando entregan la entrevista con un editor o editora.  Son entrevistas que dejan ver todo lo analizado en el curso: desde la parte más romántica del oficio de editar hasta las menos prosaicas como la comercialización. La editorial Pequeño editor funciona entre Uruguay -donde viven Ruth Kaufman y Diego Bianki- y Buenos Aires -donde está Raquel Franco-. Y es con Raquel que Marcela y Natalia se animaron a preguntarles algunas cosas sobre esta editorial que ya cumple 15 años de actividad y sigue siendo rabiosamente independiente. Marcela Mangarelli es editora y Natalia Volpe ilustradora, así que esta entrevista me pareció redonda por muchos motivos y es un placer poder publicarla en este blog. ¡Muchas gracias, chicas!

¡SUPERLIJ!: llega la literatura infantil que nos salva de todo

Además de blogs de literatura infantil especializados, sigo varios, digamos, generales. También foros donde personas no especializadas comparten sus lecturas, preguntan dudas y recomiendan libros. Son lugares muy activos, con los pies en la tierra y con sugerencias y preguntas que siempre me gusta mirar con atención pues son la realidad. Muchos de los especialistas en LIJ nos movemos en círculos: leemos lo mismo, participamos en encuentros especializados, y a veces pensamos que todo el mundo va por donde nosotros vemos el camino. Sin embargo, en muchos de estos foros la realidad aparece de otra manera. Y los libros para niños están sujetos a las demandas de los adultos, que buscan en ellos mucho más que lo que buscamos nosotros: literatura, fantasía, y hasta la creación de lectores.

En estos foros es habitual encontrar preguntas como estas:


Cómo se "guardan" los libros: un pequeño homenaje

Según el diccionario del libro, una guarda es la hoja en blanco que el encuadernador pone antes y al final del libro. Como son dos, nos solemos referir a estas hojas como guardas, en plural. Muchas veces funcionan como una sujeción extra para que el libro sea más resistente pero en la historia del libro no tardaron en aparecer bellos papeles que enriquecían las ediciones. En los libros para niños ya nos hemos acostumbrado a abrir los libros y encontrar estas guardas que a veces son un guiño, a veces una decoración, a veces un principio (y final), y siempre una muestra de la creatividad. Se ha escrito poco sobre las guardas en los libros para niños (al final hay dos links a artículos). Desde aquí, queremos rendir un humilde homenaje a algunas guardas encontradas por la red...



Así es la dictadura, Mikel Casal, 2016




Efímera, Stéphane Sénégas, 2016



Adivina quién hace qué, Gerda Muller, 2001



Seis niños en Marte, Jaime Martí Lobo, 2011


























Y además:
Javiera Barrientos escribe en Fundación La Fuente: Librología: de guardas decorativas a guardas narrativas.

Y un estupendo artículo de Elena Consejo: Peritextos del siglo XXI. Las guardas en el discurso literario infantil. 













Grandes fotógrafos que han hecho libros para niños

It is hard? It is easy? M. McBurney

Se ha escrito poco sobre fotografía y libros para niños. En realidad, prácticamente nada. Me sorprende que, viviendo en un mundo tan lleno de imágenes fotográficas, haya tan pocos libros para niños que quieran explorar esta estética. Yo creo que es porque estos libros tienen que hacerlos los fotógrafos y, probablemente, anden en otras cosas que pensando en hacer libros, quizás, menores en su trabajo. Sin embargo, revisando un poco la historia de la fotografía aparecen muchos libros de gran calidad que han marcado una excelente pauta. Libros divertidos, conceptuales, vanguardistas, realistas, con fotomontajes, libros que planteaban estéticas inesperadas, convirtiendo una foto en una manera de percibir el mundo. Y en esta entrada me gustaría rendirles un modesto homenaje.

Algunos monstruos para llevarme a una isla desierta (Pep Bruno)

Foto Rubén Madrid / Cultura en Guada


Pep Bruno es uno de los profes de nuestra escuela y le hemos pedido que nos cuente un poco sobre temas que fascinan a los niños: los monstruos y los viajes. ¿De dónde viene este interés? Nos da algunas claves y nos invita a encontrar más en su nuevo curso.


Algunos monstruos para llevarme a una isla desierta. 
Pep Bruno.

Los buenos viejos cuentos de la tradición oral y sus primos hermanos, los mitos, están cuajados de monstruos; copan bosques, grutas, mares, islas, castillos, laberintos, fuentes… son implacables guardianes de tesoros, vigilantes de puertas, obstáculos insalvables y, en muchas ocasiones, nos acechan al final de muchos viajes. Sin ellos no existirían los héroes, personajes que descubren su verdadero valor cuando se enfrentan a enemigos de talla ciclópea y poderes imposibles de vencer, sin embargo, los héroes ganan y son, desde ese momento, héroes, y lo son gracias a los monstruos que han vencido.

Pieter van der Borcht (1578)


Los monstruos además simbolizan las fuerzas indómitas de la naturaleza que hay vencer o encauzar para dar paso a lo civilizado (aunque este símbolo anda cruzado últimamente viendo las monstruosidades que, parafraseando a Goya, sueña la razón y que devora a la naturaleza; sí, la civilización ha creado sus propios monstruos, y lo que es peor, han salido del plano de ficción para habitar entre nosotros) y las pulsiones caóticas que pugnan en nuestro interior, la personificación del paroxismo (“un yo que conviene vencer para desarrollar un yo superior”, como afirman Jean Chevalier y Alain Gheerbrant en su Diccionario de los símbolos, en Herder).

Teniendo las funciones que tiene el monstruo dentro de las historias (como antagonista fundamental y motor de la acción) y en el plano simbólico (como caos exterior o representante de nuestras pulsiones y deseos ocultos) es lógico que los monstruos hayan dado el salto de los cuentos tradicionales a los territorios de la literatura infantil y juvenil.

Si me encontrara en la tesitura de que tuviera que elegir algunos monstruos para que me acompañaran a una isla desierta, dejando a un lado los que tanto disfruté en mi infancia (y sigo disfrutando ahora) de entre los que aparecen en mitos y cuentos tradicionales, y ciñéndome a monstruos de la LIJ contemporánea que habitan en libros álbum, creo que estos serían mis compañeros de viaje.

El primero libro de monstruos que elegiría, sin duda, sería Donde viven los monstruos, escrito e ilustrado por Maurice Sendak, y publicado en Alfaguara. Un viaje al lugar donde habitan los más poderosos monstruos: dentro de nosotros mismos. Unos monstruos tentadores (quizás el más hermoso catálogo de monstruos jamás antes visto) que nos invitan a quedarnos, a ser uno entre ellos en esa fiesta infinita, aunque eso signifique que nos devoren. Un libro absolutamente imprescindible, una lectura maravillosa.




En segundo lugar me costaría elegir alguno entre los monstruos soñados por David McKee, ya sea el propo Ahora no, Bernardo (actualmente en Anaya), o Dos monstruos (también en Anaya) o Tres monstruos (en Ekaré). Pero como he de llevarme sólo a uno, y quizás por lo importante que fue para mí como escritor a la hora de crear mi propio monstruo, me quedo con el monstruo de Ahora no, Bernardo, un monstruo que en algún momento fue niño (y que dejó de serlo, ay. Si queréis saber por qué, el libro os espera).




El tercer monstruo que me llevaría a esa hipotética isla sería, sin duda, El Grúfalo, escrtio por Julia Donaldson e ilustrado por Axel Scheffler, un libro que ha tenido desigual fortuna con las diferentes ediciones y, sobre todo, traducciones al castellano. El Grúfalo es un monstruo que creíamos (incluso el ratón protagonista lo creía) una invención, una ficción, pero que, como ocurre en los peores sueños, se hizo carne. Afortunadamente el protagonista del libro tiene tanto de pequeño como de astuto. Todo en este cuento me gusta, es perfecto de cabo a rabo, y la resolución, maravillosa.





Este cuarto título lo traigo porque fue el primer cuento que conté que tenía un monstruo como protagonista, se trata de ¡Papá!, de Philippe Corentin, en Corimbo, y de él me gusta mucho mucho el juego de espejos, el cambio de punto de vista, la relativización de la idea de normalidad y monstruosidad. Una lectura que me trae muchos y muy buenos recuerdos, y un libro que sigo disfrutando.




Y para terminar os traigo un monstruo que me acompaña desde mi infancia, se trata de Tragasueños, el cuento escrito por Michael Ende e ilustrado por Annegart Fuchshuber (mi edición es de Juventud), un monstruo bueno que nos ayuda para vencer a las pesadillas, tierra de oscuridad y malos monstruos.





Todos estos monstruos y unos cuantos más nos acompañarán la próxima semana en el curso online ¡Qué bello es escribir! (II), un curso que es continuación de la primera edición y que, como ésta, desarrolla unas cuantas decenas de propuestas de escritura lúdica a partir de libro álbum.


¡Qué bello es escribir! (II) cuenta con dos grandes temas: el primero de ellos está centrado en los viajes (viajes cercanos y lejanos, viajes insólitos, viajes hacia uno mismo o por el mundo, viajes surrealistas y científicos… viajes como vidas); el segundo se adentra en el territorio de los monstruos (que, como veis, es un tema bien interesante). Tres clases para disfrutar una semana completa.
Nos encontramos la próxima semana jugando libros y escribiendo sueños.

Saludos


Imparte: Pep Bruno
Del 6 al 12 de febrero
25€

La literatura infantil en España ¿va bien? Balada triste de las cifras

El 22 de noviembre se celebraron en Madrid las VIII Jornadas Intersectoriales de Literatura Infantil y Juvenil. Con este nombre tan técnico, y organizado por el Consejo General del Libro, se acercaron a charlar diferentes profesionales que trabajan con libros para niños. Nos habían entregado previamente un documento con los números y las cifras. Aproveché para volver a leer el informe del Observatorio del libro y la lectura que se publicó en marzo del 2016, Los libros infantiles y juveniles en España 2014-2015, con el que refresqué algunos datos y pude poner todo en perspectiva. Como todo lo que tiene que ver con las estadísticas, hay que mirar con lupa y cuidado los números, pues cantidades que pueden parecer positivas en un primer momento, se revelan negativas cuando se cruzan todos los datos. Hace escasos meses,  Manuel Gil analizaba en su estupendo blog las últimas noticias sobre comercio interior y, una de sus conclusiones era que:  "Otro elemento de reflexión es la caída [de ventas] de la literatura infantil y juvenil un 5,9%. Hay quien atribuye la caída a la inexistencia de sagas que tiren del mercado, en mi caso lo atribuyo a la saturación del propio mercado. A esta área de la edición han entrado casi todas las editoriales y han colapsado el segmento. A un panal de rica miel... Lo que era un buen negocio para unos pocos ahora es un mal negocio para todos" 

Pero... ¿leen los bebés?

Kate Alizadeh
Nuestra entrada de hoy la ha escrito Carolina Lesa Brown. A Carolina la conozco desde hace algunos años y siempre he admirado su trabajo como editora, especialista en libros para niños, y madre. Recientemente ha inaugurado un blog, Cuando te presento el Mundo o, como ella misma lo define: Libros, autismo, escuela y otras experiencias ligadas a la lectura. Un espacio interesantísimo para pensar la lectura desde distintos lugares. A Carolina le pedimos que nos preparara un curso en la escuela online de anatarambana sobre lectores y primera infancia. Ese curso lo hemos llamado Atrápame si puedes, y me encanta cómo Carolina aborda el tema. ¡Muchas gracias, Caro, por tu generosidad!

Tomi Ungerer contesta con dibujos a preguntas filosóficas de los niños

No he podido resistirme: Ungerer es inagotable. Durante un tiempo colaboró con la revista francesa de filosofía Philosophie Magazine contestando a preguntas filosóficas de los niños. Contestando con dibujos, claro, en los que deja notar su chispa y humor, además de unos breves textos en los que da lecciones. Como cuando Adeline le pregunta por qué la oscuridad da miedo, y él, después de algunas explicaciones, concluye: La oscuridad da misterio a la realidad, condición ideal para inventarse historias increíbles. Desde luego no son respuestas con las que uno se pueda conformar de buenas a primeras. Y así Ungerer aplica el método filosófico de la pregunta en la respuesta para llevar a los niños por los caminos inexorables de la duda.

Aquí van algunas perlas:


¿Cómo se aprende a ser papá? -Simon, 6 años


¿Se puede pensar cuando estás muerto? - Manon, 6 años



¿Qué hay en la oscuridad que nos da miedo? -Adeline, 8 años



¿Por qué hay tantos libros? -Manon, 5 años



¿Por qué hay que poner las cosas bien? -Valentine, 3 años






Links de la página de Tomi Ungerer.



Tarambanea por el blog

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