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Contar la guerra y literatura infantil (no es tan sencillo)

 

Rosa Blanca. Roberto Innocenti

Los días posteriores al inicio de la guerra rusa contra Ucrania, aparecieron de inmediato numerosas listas de libros infantiles "para" y "sobre". Me recordó a lo que ocurre en las tiendas de chinos cuando llueve y ponen los paraguas en el escaparate. Estas listas parecían ofrecer su mercancía a mediadores ansiosos por explicar lo inexplicable. En esas listas se mezclaba de todo: libros sobre la Segunda Guerra Mundial, libros más filosóficos en contra de la guerra en general, memorias y testimonios, y ficciones de todo tipo ambientadas en diferentes guerras del mundo. En la mayoría de los casos las listas se limitaban a libros álbum. ¿Hay alguien por aquí que recuerde haber leído Cuando Hitler robó el conejo rosa? Incluso en alguna de esas listas, informaban que "no existen aún los libros que aborden la invasión rusa de Ucrania". Libros que "aborden". Todo esto me recuerda a ese libro de Los hombres me cuentan cosas, deberíamos escribir uno que dijera "Los libros me cuentan cosas". Reducir la guerra, cualquier guerra, a un puñado de libros para dar la lección, o contar algún pedacito de lo que es una guerra me parece un contrasentido.  Es mucho más complicado.

En el libro de Margaret Macmillan La guerra. Cómo nos han marcado los conflictos habla mucho de lo complejo del asunto. La guerra está relacionada con la economía, la diplomacia y la política. Por dar un dato, el presupuesto militar de Estados Unidos era de 750.000 millones en 2020. Tal vez hay que empezar por esto ¿hay algún libro álbum por ahí sobre esta cuestión? La historia escrita del mundo es, básicamente, una historia de la guerra. Vivimos en fronteras creadas por guerras, la ley que rige nuestras sociedades se creó para vigilar y al aceptar esa coerción admitimos que la naturaleza humana tiene un lado oscuro que debe ser coaccionado con el temor a una fuerza superior. Y no olvidemos que los ejecutivos de las grandes empresas suelen tener un libro en la mesilla: El arte de la guerra, nuestras ciudades están llenas de nombres y estatuas conmemorativas y visitamos con mucho gusto pueblos amurallados. Nos fascinan las películas con héroes militares, vemos obras de arte en los museos que nos lo recuerdan y el videojuego más popular en Estados Unidos, Call of Duty, transcurre en la Segunda Guerra Mundial. Yo misma estuve la semana pasada en una estupenda exposición organizada por una fundación que lleva el nombre del patrocinador del golpe franquista. 

Presentar libros que recojan la memoria de pasado no solo es necesario sino inevitable pero mi pregunta aquí es ¿Qué libros? ¿Qué cuentan los libros destinados a la infancia?.  Encontramos en estas listas muchos libros sobre las migraciones y exilios pero ¿hay alguien en España que esté leyendo los libros de nuestros exiliados? Hace casi 20 años hice una selección de cuentos de autores españoles exiliados: no encontró lugar y sigue en el cajón de los olvidos. Antoniorrobles, Magda Donato, José Moreno Villa, Herminio Almendros, Manuel Abril, María Teresa León... Elena Fortún (hoy disponible en ediciones para adultos), ¿Quién lee hoy el Pinocho de Bartolozzi? ¿Leen los mediadores a estos autores para llevar un pedazo del pasado a nuestros niños de hoy? Parece más fácil encontrar un libro de alguna guerra lejana. Las nuestras, se guardan bajo la alfombra. Los niños mexicanos leerán más sobre la guerra en Siria que sobre sus propias guerras, y niñas españolas habrán leído las peripecias de un niño somalí en un campo de refugiados de Kenia y no sabrán que en la cuneta del pueblo de sus abuelos reposan huesos de los que nadie les cuenta nada. 

Estuve mirando en catálogos de editoriales y bases de datos: el 90% de los libros que aparecen con la etiqueta de "guerra" se refieren a novelas. Y novelas de este tipo: "El príncipe de los caballos es una historia de valentía y voluntad para vencer a pesar de todos los obstáculos". Otro dice: "Cuando al estallar la Primera Guerra Mundial, el padre de Albert vende su caballo al ejército británico, el chico promete ir al frente y recuperar a Joey"

La mayoría de los libros infantiles que tienen como tema la guerra pueden clasificarse en cuatro categorías:

Informativos: un porcentaje muy pequeño que incluye títulos como: 20 batallas que cambiaron el mundo, Vikingos, o Manual para espías. Una cantidad mínima, orientada al sensacionalismo y a aspectos de la guerra que dejan a un lado cuestiones humanas y sociales. 

Pseudofilosóficos: Aquellos que hablan de la guerra en un sentido metafórico explicando enseguida que está mal. Libros que no contienen preguntas y sí respuestas sin matices que rehúyen los interrogantes acerca de lo que significa ser humanos. 

Memorias y autobiografías: Un género que estaría incluido en los informativos, pero lo pongo por separado por el valor del testimonio directo, al que suelen tener poco acceso los lectores de hoy en día. Sin embargo, libros con los diarios de Anna Frank están en colecciones de adultos, y no sé si las memorias de Roald Dahl, Volando solo, se leen más como una historia de aventuras que algo como la guerra. 

Ficción: Estarían en la categoría de novela histórica y por lo general son obras con voluntad didáctica y ambición pedagógica. Es un género que resulta muy atractivo para escritores vinculados con, por ejemplo, editoriales escolares donde se recomiendan estos libros porque vienen muy bien para "trabajar" muchas cuestiones, desde geografía, historia, lo social, etc. Estas novelas incluyen un joven que se suele convertir en un héroe por algo que ha hecho. A veces descubre un secreto familiar y la gran historia se reduce a una historia menor con unos cuantos personajes que acaban en lugares comunes. Al utilizar estrategias de seducción lectora como aventuras, un misterio, o un protagonista de la edad de los lectores, se aniquila la posibilidad de intervenir en el pasado. Quiero decir: no es posible transformar el presente por medio de la rememoración del pasado pues es un simple decorado que no permite a los lectores llegar a la conclusión de que el presente es la realización del pasado, en especial, los vencedores. Quienes escriben estos libros son adultos que no han vivido directamente los hechos, tampoco son historiadores, únicamente se ponen a la labor de trasladar a los lectores para que puedan ver "en directo" ciertos hechos. Creo que estos libros promueven la idea de que el pasado se reduce a una contemplación en la cual no nos podemos reconocer. Lo ocurrido con el pasado no tiene nada que ver con el tiempo actual, solo son fragmentos inconexos, parciales, sin ningún compromiso político. La mayoría evitan incluso una idea conflictiva del presente. 


Si tuviera que recomendar algo para esta época, sería la lectura de los cuentos que Miguel Hernández escribió durante la cárcel a su hijo Manolillo, o leería cualquier relato de los recopilados por Svletana Alexiévich en su libro Últimos testigos. Los niños de la Segunda Guerra Mundial . Abro al azar el libro, y encuentro el testimonio de Vera Tashkina que tenía diez años:

Antes de llegar la guerra yo ya había llorado mucho... Mi padre había muerto. Mi madre se quedó sola con siete hijos. Éramos muy pobres. La vida era difícil. Pero después, durante la guerra, aquello nos parecía una bonanza, aquella vida de antes, en tiempos de paz. (...) Comíamos... agua... Llegaba la hora de comer y mamá ponía encima de la mesa una cazuela llena de agua hervida. Nos llenábamos los platos. Por la noche. La cena. Otra cazuela de agua hervida aparecía encima de la mesa. Agua transparente, en invierno no había nada con que adornarla. Ni siquiera hierba. 






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