Por qué una revista especializada en libros para niños no lee obras autopublicadas. Carta abierta de Roger Sutton (The Horn Book)

A finales de septiembre el editor de la revista especializada The Horn Book escribió una carta abierta (An open letter tothe self-published author feeling dissed) explicando por qué descartan automáticamente los libros autopublicados que reciben para reseñar. La carta, naturalmente, creó una gran polémica y puso el dedo en la llaga de una realidad: los autores que se autopublican quieren, también, entrar en el circuito de reseñas y recomendaciones literarias. Nuestros lectores ya conocen la serie iniciada en este blog sobre libros autopublicados, así que nos parece una interesante oportunidad para seguir explorando el tema. Y como nos gustan las polémicas, queremos compartir esa carta y todo lo que ha suscitado.
Agradecemos la inestimable ayuda de Elena Abós, quien ha hecho la gestión para ser publicada en nuestro blog, y la traducción.
Y aquí va...



Querido autor autopublicado:
Me imagino la frustración que sientes al ver que a tu libro se le niega la posibilidad de ser reseñado en la revista The Horn Book simplemente por tratarse de un libro autopublicado. Pero te voy a explicar por qué no hay muchas probabilidades de que la situación cambie en un futuro cercano.
Si nos conociéramos en una fiesta, por ejemplo, te diría (creo que mis colegas de otras revistas de crítica pensarán lo mismo) que no reseñamos libros autopublicados porque hay demasiados. Cada año se publica en EE.UU. más de medio millón de títulos autopublicados, de los cuales calculo que los libros para niños sumarán al menos 100.000. Nosotros nos enfrentamos a unos 8.000 títulos anuales de libros infantiles publicados a la manera tradicional, de los cuales reseñamos unos 5.000. Si quisiéramos dedicarle la misma atención a los libros autopublicados, tendríamos que multiplicar nuestro personal, cosa totalmente imposible.
Pero esa sería una respuesta parcial. El auténtico problema es que la mayoría de los libros infantiles autopublicados son horribles. Hace diez años habría dicho que “la mayoría de los libros autopublicados son horribles” sin necesidad de referirme a los libros para niños en particular, pero la autoedición destinada a lectores adultos ha mejorado mucho, en calidad y en conocimiento de su público, especialmente en el caso de la literatura de género y los libros de temas específicos. ¿Por qué no ha alcanzado esa madurez la autoedición para niños y jóvenes?
Creo que tiene que ver con la actitud a la hora de escribir libros “para niños”. Si un amante de la jardinería autopublica una guía para el cultivo de lilas o un aficionado a lo paranormal saca una novela de vampiros, seguramente tendrá en mente a un lector similar a él mismo. Pero es habitual que los que escriben “para niños” sientan que están haciendo una buena obra: imparten historias desde arriba, como si fueran sanos platos de verduritas. Lo consideran una labor virtuosa, y la virtud no es un buen punto de partida para ponerse a escribir un libro. Prácticamente todos los adultos que he conocido tienen “una gran idea para un libro infantil” que resulta ser, siempre, una idea FATAL para un libro infantil. Y ahora, gracias a las facilidades para autopublicarse, esos libros están saliendo a la luz. ¡Preparen el matamoscas!
En relación con esto, resulta que hay mucha más gente interesada en publicar sus propios libros infantiles que en leerlos. Conozco a bibliotecarios y libreros a los que los autores les han entregado sus libros autopublicados, a los que ellos han intentado encontrarles lectores. En vano. Y esto suele ser porque a) son malísimos y b) no responden a necesidades distintas a las que la edición tradicional ya está atendiendo. Esto no ha sido siempre así: desde la década de 1960 hasta 1980 había una demanda de libros infantiles contraculturales que las grandes editoriales no cubrían; así surgieron pequeños sellos independientes, con libros como Heather tiene dos mamás. Aunque hace poco nos llegó un álbum ilustrado a favor de la marihuana, no se me ocurren temas que asusten a los editores tradicionales a estas alturas. ¿Creías que tu libro sobre el acoso escolar nos iba a ofrecer algo nuevo?
Y de ahí surge mi último argumento. Sorprendentemente, los libros infantiles autopublicados parecen ignorar la historia y la riqueza de la literatura infantil. Si bien no hace falta conocerlas para escribir un buen libro para niños, incluso un libro excelente (conozco a varios grandes autores que no prestan atención al sector ni a su historia), sí que hace falta para publicarlo. (Incluso para publicar uno malo. Los editores publican libros malos todo el tiempo, pero tienen sus buenas razones para hacerlo.) Un editor no está ahí para “arreglar los errores”. Su trabajo principal es entender qué aporta tu historia (o qué deja de aportar) al gran mundo de los libros y los lectores. Y eso es lo que les falta a la mayoría de los libros infantiles autoeditados hoy en día.
Roger Sutton
Traducción de Elena Abós

El caso (todo en inglés):
Al día siguiente el periodista Ron Charles, de The Washington Post le pide más detalles: No I don´t want to read your self-published book.
Después de la polémica, Sutton escribe otra nota respondiendo a las sugerencias de los lectores de abrir una nueva sección para libros autopublicados. Aunque no cree que sea un buen servicio para sus lectores, accede a hacer un experimento: quien quiera le puede mandar su libro autopublicado para seleccionar uno de ellos. A challenge to self-publishers

Y nuestras entradas sobre el tema:



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