jueves, 10 de septiembre de 2015

La bella edición para niños (II): Media Vaca: Motivos para un editor

Cuando el primer libro de la editorial Media Vaca apareció, fue una gran sorpresa, bla,bla,bla.
¿Qué escribir sobre uno de los proyectos más interesantes del panorama editorial español de los últimos quince años?
Bla, bla, bla. Texto que "comisaria" (esta palabra suena muy bien aquí) la colección de libros de Media Vaca que se han incluido en la Biblioteca de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense. Bueno, YA.

Media Vaca. Motivos para un editor

Cuando en 1998 aparecen los tres primeros libros de la editorial Media Vaca, había muchas cosas que no existían. No se había inventado, por ejemplo, la palabra "álbum ilustrado". Ni había entonces un logotipo de una niña, más bien de otra época, agarrando de cada mano a una mosca y a una hormiga.


Vicente Ferrer y Begoña Lobo fueron los valientes que, en un panorama de libros para niños muy activo pero también muy homogéneo, se lanzaron con unos libros grandes, gordos, de colores vivos, de papel impecable, de estética inusual. Además, el nombre. Media Vaca. ¿Pero no eran libros hechos en Valencia? En las solapas de aquellos libros pudimos leer:
"La vaca es el animal más extraordinario que existe. Nos la comemos con patatas, hace bonito en el campo y es fuente de inspiración para artistas y poetas. Uno de los estómagos de la vaca se llama libro, y no debe extrañarnos, porque el libro es el segundo animal más extraordinario que existe. Lo manchamos de salsa, hace bonito en las estanterías y a través de él nos llegan regularmente las ocurrencias de artistas y poetas"

Foto: Daniel García Sala
Entonces nos dimos cuenta de que hay otro animal extraordinario. Y es el editor. Al menos, el editor de Media Vaca. Porque a lo que se han dedicado en esta editorial desde hace 15 años es a hacer libros que no existen. Si, como suena. Hay muchos editores de libros para niños que publican libros que ya existen: van a una feria, compran los derechos de obras ya realizadas, y los traducen para el mercado español. Otros reciben de un escritor un texto, lo ilustran y listo. Los editores de Media Vaca se inventan ellos solitos cada uno de sus libros, desde la idea hasta el final. A veces es una antología, a veces un texto encontrado en cualquier parte les lleva a la idea de un libro. Y luego lo trabajan. No importa el tiempo que tarden. Buscan un ilustrador, piensan un diseño, tienen paciencia vacuna.

En la pasada feria del libro de Bolonia, el ilustrador y editor Diego Bianki subía a su Facebook una foto donde se les veía a él y a Vicente frente a un ordenador. Bianki decía algo como: "terminado ya el libro sobre Buenos Aires para Media Vaca. Solo han sido 10 años preparándolo".

Creo que Vicente es de los pocos editores que viaja a Madrid y se mete en la imprenta a cuidar el libro que va a entrar en máquinas. Y eso es porque los libros de Media Vaca respiran un aire artesanal y manual. El grosor del papel, su textura, la camisa, la tapa dura. Los editores de Media Vaca piensan que los niños merecen los mejores libros, y no solo el objeto, sino las mejores historias, el mejor papel, y libros con buena presencia para tener que hacer las mejores estanterías.

También piensan que la cabeza de los niños tiene muchas más cosas de las que se suele ofrecer en sus lecturas. Son de esos raros editores que han reflexionado sobre la infancia, sobre el libro, la estética y la literatura y cómo llevar esto a un público infantil. Por eso no les importa incluir en una antología de poesía a Girondo, a Nadine Stair, y poner a Carlos William Carlos junto a Manolito el Pollero.O rescatar el libro de una poeta para niños como Gloria Fuertes con el tema de la guerra, Garra de la Guerra.

O en no poner ninguna sugerencia de edad. Recuerdo a un ilustrador quejarse en una librería porque su libro estaba en la sección "Diseño" en lugar de libros para niños. ¡Eso si es un ilustrador comprometido con el proyecto!

En una nota que acompañaba dos novedades, Vicente me escribía con su deliciosa caligrafía:
"Valencia, 23 de marzo 2001
Querida Ana,
te mando los dos libros azules. Les he dedicado tanto tiempo que he perdido completamente la perspectiva. ¿Son libros muy serios para niños con bigote y para niñas barbudas? Prometo que los siguientes serán más divertidos. Muchos besos. Vicente."
No, los libros de Media Vaca nunca eran muy serios. Eran otra cosa. Eran artefactos llenos de tesoros, como estupendos rescates de escritores casi olvidados. El arroyo de Eliseo Reclús, (con ilustraciones de Eloar Guazzelli),  Antonio Fernández Molina y su Aroma de galletas (ilustrado por la entonces jovencísima Isol), o esos libros 100% de autor como No tinc paraules de Arnal Ballester, El mundo al revés de Miguel Calatayud, o la sorprendente versión tropical de Robinson Crusoe del ilustrador cubano Ajubel. Libros sin palabras para mirar con los ojos bien abiertos.

Luego están esos disparates de libros como Mis primeras 80.000 palabras donde ni más ni menos que 333 ilustradores eligen una palabra favorita para sacarla de contexto y hacer entre todos un diccionario de lo más singular. O ese viaje a Japón para trabajar en un taller con ilustradores que les inspira para hacer una versión libre de Caperucita Roja (la de Perrault, claro), y aparece ese libro titulado Erase veintiuna veces Caperucita Roja. Seguro que de ese viaje se trajo la serie de libros informativos El mapa de mi cuerpo, ilustrados por Genichiro Yagyu, pero este punto no hemos podido confirmarlo porque el editor no se ha puesto al teléfono (nunca lo encuentra en su oficina llena de papeles).


El catálogo de ilustradores de esta editorial va también a su aire. Los hay que después de publicar en Media Vaca recibieron premios y honores, y hay otros que no sabemos dónde se han metido.

Casi todos se pliegan a la consigna estética de la editorial con un uso de colores restringido (tres tintas), bastante optimismo, plazos flexibles, y resultados óptimos. Y es que, como el mismo Vicente declara en esta entrevista:
"El libro es una suma de cosas, no es sólo un texto escrito. Importa la tipografía, las ilustraciones, los márgenes, la elección del papel, el formato, la encuadernación, el peso, la manejabilidad y hasta el olor del papel y la tinta"
 Después de 15 años publicando 3 libros al año (aunque la cuenta no sale muy bien porque su catálogo actual son 52), si yo fuera un niño o una niña que ha ido coleccionando todos los libros, tendría una especie de enciclopedia universal. Un compendio de cosas y hechos, de poemas y textos, de clásicos y contemporáneos con los que no necesitaría leer mucho más para ser un lector formado y crítico.¡Un lector formidable! Además, tendría una variedad tipográfica y estética que sería el equivalente a haber ido con mis padres cada semana a un museo diferente, y sabría algo más del mundo que viendo la tele o pispeando un ordenador. Incluso habría podido hacer una escapada a Marte. Todo eso sin salir de mi habitación.
Es lo que tienen los libros. Sobre todo los de Media Vaca.

Mientras escribía esto y tomaba notas, comencé a jugar con las palabras de la editorial. Si las ponía al revés, tenía (falta de ortografía incluida): ACAVA IDEM. Lo que puede significar: loco de remate, inspirado, audaz, arriesgado y lector. Pero también me salió esta otra, más tanguera, que le hubiera gustado mucho a Gomez de la Serna: ACÁ VA IDEM. Que cada uno dé su interpretación. Total, qué se puede esperar de dos editores que confiesan que la lista de bodas la pusieron en su librería favorita.

La última vez que encontré a estos dos editores fue en Oaxaca: iban a la FIL en Guadalajara, pero se desviaron un poquillo para acompañar a Roger Omar, autor de un esperado libro con sueños de niños indígenas. Nos encontramos en la preciosa Biblioteca Infantil de Oaxaca, nos grabaron para una entrevista y, cuando la cosa parecía decaer, Freddy Aguilar, el director de la Biblioteca nos dijo: "vamos a comer un caldo de piedra". Y nos subimos todos a un truck, recorrimos Oaxaca y llegamos a un lugar increíble donde nos parecía estar en un cuento, ese de Sopa de piedra, pero ¡qué rica era la nuestra!




Estos son los editores



**Por cierto, para quienes quieran saber más, hay una entrevista estupenda en la página de CREAN que puedes leer aquí

**Y aquí hay otra entrevista más actual, "la alegría lectora de Media Vaca"

**Y te invitamos a curiosear todo su catálogo, pero especialmente la sección Miscelánea.

(Esta entrada fue escrita para acompañar la compra de una colección de Media Vaca para la Biblioteca de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense, y para abrir boca a una mesa redonda con Javier Olivares a la que, por un cambio en un vuelo a México, no pude finalmente asistir. Por suerte Javier Pérez Iglesias me suplantó y parece que dio lo mejor de mi...)
Aquí hay unos primos queridos


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