miércoles, 5 de noviembre de 2014

Los cuentos no enseñan nada: a propósito de "Nicolás tiene dos papás"

Desde que la imprenta comenzó a producir materiales impresos para niños la pedagogía se ocupó rápidamente -si no, exclusivamente- de decidir qué tipos de libros leerían los niños. Los que estudiamos la historia de la literatura infantil tenemos la lista: Fábulas morales para la provechosa recreación de los niños, Lecciones de buena crianza, moral y mundo, Cartilla religiosa, y otros de ese estilo que, por supuesto, no han pasado a la historia más que para los que miramos con curiosidad esa parte de las lecturas infantiles. Los niños, a lo largo del tiempo, se fueron apropiando de otras historias, más divertidas y menos "edificantes": Robinson Crusoe, Los viajes de Gulliver, etc. Libros en los que lo literario tuvo más importancia que lo educativo. Por nuestra parte, hace ya años que se habla de la literatura por placer, y de la necesidad de que los niños encuentren libros para disfrutar la belleza del lenguaje y el imaginario que un buen libro ofrece. Viene a cuento esta introducción a propósito de un libro publicado en Chile, Nicolás tiene dos papás que ha generado una gran controversia, en especial por la gran difusión institucional (el libro llegará a muchas escuelas debido a una gran compra gubernamental) y por el conflicto de "valores" que promueve.

Pero quien quiera, que lea primero el cuento para poder hacerse una idea personal


El libro ha sido escrito por socios de Movilh, el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual, movimiento cuya labor apreciamos en un país donde todavía hay muchísimo trabajo en favor de estos colectivos. Los ataques que ha recibido el libro han sido, por supuesto, de estamentos conservadores y religiosos.

En los días en que el libro se movía por redes y generaba singulares controversias (se puede ver en google toda una serie de : "Nicolás tiene dos pipas" "dos papas", "Bambi no tiene mamá", etc.) tres colegas de tres blogs diferentes nos carteábamos preguntándonos si lo habíamos leído. Enseguida surgió la idea de hacer tres lecturas diferentes, para cada uno de nuestros blogs. Y aquí va la mía.

Lo primero que destaca en el libro es su escasa pretensión de ser literario. Seguramente porque en ningún momento tuvo la intención de explorar el lenguaje y sus recursos. El contenido superó al continente. Frases cortas, lenguaje muy primario, sentimientos explicitados ("mis papás se quieren mucho", "su papá y su mamá son alegres y se quieren mucho", etc.), y una imagen que dice exactamente lo mismo que el texto. Pero si hay algo realmente chocante es el mundo feliz que sus autores plantean. Todos sonríen, todos son absolutamente felices. Una felicidad, por cierto, falsa. Por eso todo el libro es una gran mentira. Los moralistas pueden estar tranquilos, y también los que aman la literatura: el libro será leído por los niños como una marcianada, lo dejarán a los pocos minutos y lo olvidarán para siempre. La visión reduccionista del tema nos retrotae a tres siglos atrás, cuando el "instruir deleitando" era la máxima para los libros infantiles. Claro que en el Orbis Sensualium Pictus de Comenius había mucha más fantasía y belleza que en este.
En este blog hemos recomendado un maravilloso libro sobre la diversidad familiar.


Alguien me preguntó, tal vez en aras de intentar salvar una buena iniciativa, si el libro podía considerarse informativo. A fin de cuentas, da alguna información ¿no? Si pensáramos así, diríamos que Matilda, de Roald Dahl, sería también informativo pues a fin de cuentas presenta un tipo de familia, un tipo de escuela. No, no es en absoluto informativo. Los libros informativos que tratan asuntos relacionados con la sociedad y, por lo tanto, lo político, lo moral, lo familiar y lo social, tienen que dar mucha, mucha información, muchos datos sobre las diferentes aristas del tema, los distintos puntos de vista y, sobre todo, las consecuencias de determinadas situaciones que no son las habituales. Además, un buen libro informativo daría referencias bibliográficas, de asociaciones, páginas webs. Este es un libro que ya incluye las respuestas sin haber formulado preguntas, un libro sin diálogo posible, más que un "si" o un "no". Me gustaría ver a las maestras de niños de cuatro años con este libro, y las respuestas de los pequeños.

¿Recomendaríamos este libro? Desde lo literario, rotundamente no, pero dejemos que el libro esté a la mano de los niños: ellos seguramente sabrán qué hacer con él.



Aquí tienes el artículo sobre el libro de Germán Machado, en su blog Garabatos y Ringorrangos
y el artículo  Donde viven los libros

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