lunes, 19 de septiembre de 2011

El arte de conversar con los niños sobre sus lecturas


© Helen Oxenbury
Una de las entradas más leídas y celebradas en este blog ha sido Leer en voz alta, el mejor regalo donde recordábamos que una actividad sencilla puede tener mucha influencia en la vida lectora de los niños. A veces un acto pequeño y fácil demuestra ser más efectivo que muchas actividades sofisticadas.  En esta línea nos gustaría sugerir ideas para conversar con los niños sobre sus lecturas. Es frecuente que, después de haber conseguido que los niños terminen de leer un libro -o de haberlo leído juntos-, damos por cumplido el objetivo de la lectura. Sin embargo, el acto socializador de lo que leemos es tan importante como la lectura misma. Leer un libro suele invitar a la conversación y, tanto padres como mediadores, quieren tener buenas charlas con los niños. Conversar con los niños sobre sus lecturas es como encender una linterna en medio de una cueva: "¿Has visto esto? ... Mira hacia allá... a ver qué encontramos por aquí..." 

Una buena conversación comienza con una buena pregunta. Una buena pregunta te lleva a algún lugar en tu pensamiento. Muchas veces los niños están más interesados en dar una respuesta rápida que en pensar sobre la pregunta. Así que preguntas del tipo: ¿Qué te ha llamado la atención? o ¿Qué piensas de esto? son caminos que invitan a la exploración más que a la respuesta.
Busca puntos de interés de los niños. Muchos libros tienen más de un tema, así que seguramente podrás encontrar algún asunto personal para compartir con los niños.
Dirige tus preguntas a dar sentido a la historia. Muchos niños necesitan entender la historia antes de entender el significado de la misma. Algunas preguntas pueden ir destinadas a revisar los puntos principales de la trama. Los niños que comprenden mejor las historias se convierten en lectores con más confianza, y esta seguridad les va a proporcionar un mayor placer en sus futuras lecturas.
Reformula las preguntas. Si ves que los niños no responden porque no han entendido la pregunta, ayúdales. Puedes usar diferentes palabras, o ayudar con adjetivos. ¿Cómo te parece que es Matilda? ¿Es valiente, independiente, curiosa, tímida, generosa? Una parte importante de la conversación va dirigida a desarrollar la habilidad de usar palabras para expresarse y facilitar a los niños un mayor dominio sobre el lenguaje.
Haz conexiones personales con la historia. ¿Qué hubieras hecho tú si te hubiera pasado lo mismo que al protagonista? Estas conexiones les ayudan a relacionar las historias con sus vidas. Conversar es menos hablar sobre las figuras o el contenido del libro que sobre su significado.
Ten paciencia. No se hace uno buen conversador de la noche a la mañana. Aprende a tener paciencia para dejar que los niños encuentren su manera de expresarse, sin ahogarles con comentarios o preguntas. Si intervienes mucho, al final serás tú únicamente la persona que comente los libros.
Escucha. Da tiempo a los niños para contestar. Si lanzas una pregunta, espera a que ellos tengan tiempo para pensarla y responder. Pregunta, haz un pequeño comentario y espera. Muéstrales a los niños que sabes escuchar y que son escuchados. Es importante para tener una buena conversación.  
 Todas las respuestas son buenas. Conversar es contrastar puntos de vista, escuchar opiniones diferentes, e intercambiar diferencias. En este sentido, todas las respuestas son buenas y deben ser tenidas en cuenta.  Recuerda que una buena conversación no trata de las respuestas sino de las preguntas.
Da tus propias opiniones. Una conversación no es tanto hablar sobre lo que sabes del libro, como sobre lo que piensas. Concentra tus comentarios en este aspecto para tener más profundidad y para que los niños se sitúen a un mismo nivel que tú.
Dirige la conversación. No te conformes con respuestas obvias: los niños tienen la costumbre escolar de tratar de responder lo más rápido posible. Una conversación es un paseo, no una carrera. Ayúdales a desarrollar un espíritu original y crítico. 


© Helen Oxenbury
No te vayas por las ramas. A veces las conversaciones derivan a temas que no tienen nada que ver con el libro. Trata de controlar esto con algunas preguntas que os lleven de nuevo al camino.
Una conversación no tiene fin. No busques llegar a ningún punto concreto, aparte de hablar sobre una historia. Termina cuando os apetezca, cuando termine la clase, cuando llegue la hora de cenar, 0 cuando el tema se agote.
 



(Las ilustraciones de esta entrada son del precioso libro Será un bebé  de Helen Oxenbury, publicado por Intermon Oxfam)


6 comentarios :

  1. Villar Arellano20/9/2011 10:25:00

    Pienso que los niños y jóvenes se aficionarían más a la lectura si los mediadores (padres, madres, profesores, bibliotecarios...) fueramos menos exigentes con el tiempo que dedican a la lectura y con su aprovechamiento didáctico y más con el valor que tiene el libro para el lector: su valoración subjetiva y el efecto que, como adultos, observamos en el niño o joven. En este sentido, me parece muy oportuna esta propuesta: hablar sobre libros.
    En lugar de tanta ficha tediosa, que sigue lastrando las lecturas infantiles desde la más tierna infancia, con un esfuerzo casi siempre estéril (las fichas se suelen hacer a todo correr para salvar la papeleta), leamos lo que leen nuestros hijos, nuestros alumnos, nuestros usuarios; Dejémonos aconsejar por ellos (así, cuando recomendemos, nuestra sugerencia será mejor recibida, por lógica reciprocidad); Y hablemos, hablemos de libros.
    La conversación hace más valiosa la lectura.

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  2. Gracias Ana, este tema es importante y tu forma de llevarlo tan sencillo es fantástico. Hace poco escuché como una madre contaba lo fantástica que era la maestra de su hijo pequeño, porque cambiaba las palabras antiguas de María Elena Walsh para que los chicos puedan entenderla. Un horror... que me permitió aclararle, que esas palabras magníficamente utilizadas podrían ser entre otras cosas, un motivador, un aprendizaje que incremente su vocabulario; un tema de conversación; etc. etc. Y que por lo general hay mucha gente pensando en la lectura acertada para ese nivel escolar. El camino es largo y tus aportes muchos. Gracias otra vez. Un saludo. Claudia

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  3. Pues sí este es un tema central, en principio parece además sencillo pero luego se torna complicado. No vivimos en un mundo donde se valore hablar. Muchas veces estando en una situación de conversación, alguna voz se alza en los talleres y pregunta '¿Cuándo hacemos algo?'. Porque parece que hablar es no hacer nada, tanta respuesta en ficha como comentaba Villar les lleva a tener respuestas cada vez más cerradas. Para mi fue fundamental el libro Dime, de Aidam Chambers. Gracias Ana, me servirá mucho tu entrada para recomendársela a los padres de los talleres.

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  4. Elena Dreser21/9/2011 19:42:00

    ¡Un artículo muy acertado, Ana! Como todo lo que publicas.

    ¡Enhorabuena!

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  5. Una vez más, mil gracias por tu entrada inteligente y lúcida. Siempre es un placer leerte.
    Un abrazo

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  6. Los niños muchas veces descubren detalles en las imágenes que los adultos no habíamos visto. O interpretan de manera mucho más libre que nosotros los textos que leemos.
    Cuando miraba los libros Zoom y rezoom con mis hijos, ellos veían antes que yo muchas cosas. Y cuando terminábamos cada libro de A.Browne querían verlo inmediatamente una segunda vez porque sabían que descubrirían siempre algo más.
    Muy bonito blog.

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